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Hace poco me encontré con una amiga que tenía mucho tiempo de no ver. La última vez hablamos con entusiasmo sobre nuestros planes pero ahora la conversación fue diferente. Me contó que hace un tiempo aceptó ser fiadora (garante) en un préstamo que una amiga necesitaba con urgencia. Resumiendo la historia, la muchacha nunca pagó nada, el monto del préstamo aumentó en un 50% a causa de los intereses y lo siguiente que supo mi amiga es que como la deudora reportaba ganar el salario mínimo, era ella la que debía hacerse cargo del pago y ya estaban a punto de embargarle el salario.

Habló con la muchacha en todas las formas posibles y acordaron soluciones que no se cumplieron. Para evitar un embargo que quedaría registrado en su record financiero, mi amiga tuvo que tomar un préstamo personal para asumir la responsabilidad de un dinero que nunca tuvo en sus manos. Su salario quedó reducido a la mitad y tendrá que pagarlo por los próximos diez años.

Además del impacto económico para ella y su familia, también está el golpe emocional, la angustia y la frustración de los que a veces cuesta más recuperarse.  Por ser solidaria ayudando a una persona en problemas, paso de tener una situación económicamente sólida con expectativas de seguir creciendo, a alguien que a penas logra cubrir sus gastos y esta amarrada con deudas.

Aceptar ser fiador es un tema muy delicado y una decisión personal.  En mi caso esa decisión ya esta tomada: Yo no fio a nadie.

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