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Parece ser que don dinero y cupido no son necesariamente amigos, ya que los problemas económicos son una de las causas más comunes de divorcio.

“Dinero” parece ser una mala palabra que insulta la pureza del amor. Tal vez por eso muchas parejas se casan obedeciendo a sus sentimientos mas profundos y delegando el sustento de la familia a fuerzas menos terrenales: “Dios proveerá”.  Sin embargo, como dice el maestro Calamaro “no se puede vivir del amor/ las deudas no se puede pagar con amor/ una casa no se puede comprar con amor”.

¿Cómo es que las parejas organizan sus finanzas? 

Estos son los casos que conozco: los que juntan los salarios y con eso pagan todos los gastos y toman decisiones en conjunto sobre qué hacer con lo que sobra (si es que sobra); están los que les dan el salario al otro para que lo “administre” y se desentienden del asunto, y están los que dividen gastos en partes equitativas y cada quien administra lo suyo.  ¿Cuál es la mejor opción?  En mi opinión, la primera, porque eso nos da una sensación de equipo. Es decir, mi dinero no es MI dinero, es el dinero de la familia. Por lo tanto, no esta bien que haga compras desmesuradas ni despilfarre lo que es de todos.

Entonces, ¿por qué es que el dinero separa a las parejas?

Supongo que hay tantas respuestas como parejas en problemas financieros.  Sin embargo, los casos que conozco han sido por la sensación de falta de equidad al distribuir la carga. Uno siente que hace más que el otro por conseguir dinero o que el otro gasta más de la cuenta.  Luego viene la competencia por quien gasta más (“si tu te compraste un iPhone, ¿por qué yo no me puedo comprar 5 pares de zapatos?”). A veces es por egoísmo (“lo tuyo es mío y lo mío es mío”) o la necesidad de ejercer domino sobre la otra persona a través de la dependencia económica  (contando con que el domino económico haga que la pareja acepte toda clase de situaciones que escapan al tema de este blog).

Dice Andrés Panasiuk en su libro Como llegar a fin de mes “Cuando uno es pobre, la pareja se une más y trabaja duramente para lograr la supervivencia de la familia. Cuando uno acumula deudas y maneja incorrectamente su dinero, los fondos empiezan a faltar y las acusaciones comienzan a hacerse oír más frecuentemente. Luego, siguen los insultos, los maltratos y, finalmente, la separación.”

¿Qué hacer?

Supongo que si hubiera una fórmula a seguir, esto no sería un problema.  A mi me gusta pensar en el dinero que ingresa como el patrimonio de la sociedad (para hablar en términos poco románticos) en la que hay transparencia sobre cuánto entra y cuánto se gasta. Esta sociedad cuenta con metas financieras claras y un presupuesto que hay que respetar.  Los éxitos son ganancia para todos y las pérdidas también se asumen entre los socios…“una pena entre dos es menos atroz”.

¡Cántanos Andrés!

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